Los principios del pensamiento complejo implican que cuando una persona analiza un objeto de conocimiento no puede seguir haciéndolo sobre la base de un análisis netamente simplista de contrarios, fuera de las relaciones, de manera reducida, estableciendo leyes generales sin reconocer las particularidades ni las causas. Tampoco lo hará desde el punto de vista de una sola área de conocimiento o desde un enfoque que no incluya diversas perspectivas.
Por el contrario, tenemos que aprender a ver las cosas de otra manera, identificando sus conexiones, que la causa también puede ser efecto, que las partes son el todo y viceversa, pero que, además, las contradicciones tal vez no lo sean, sino que son complementos unas de las otras, existe una porque existe la otra. Asimismo, debemos aprender a considerar el conocimiento de manera holística, integrada, sin separación, porque en la realidad, dicho conocimiento no se divide.